13 feb 2010

Curioso muy curioso

Caminaba entre mucha gente desconocida. Todos ellos miraban hacia un estrado. Probablemente alguien a quien ellos admiraban y adoraban estaba presentando un espectáculo muy interesante. Sin embargo yo caminaba de cara a ellos, mirándolos a todos. Me di cuenta que era la única que no compartía ese fervor.

Poco a poco me iba alejando de la multitud caminando en sentido contrario a ellos. Había estado tan concentrada en los rostros y reacciones de los demás que parecía haber olvidado que tenía en brazos a una niña. Era una niña pequeña, de aproximadamente un año de edad. Seguí caminando hasta llegar a unas bancas parecidas a las que se ven en las iglesias. Decidí sentarme en la penúltima banca y al hacerlo vi a un hombre alto y algo corpulento de pie junto a lo que parecía ser la puerta de entrada al local donde me encontraba. Nos miró a las dos.

Senté a la niña en mi falda. Me percaté de su piel algo cobriza y al mirarla a los ojos ella me sonrió. Ella inclinó su cuerpo hacia atrás y yo de manera muy natural y casi automáticamente levanté mi blusa y le di mi pecho para que se alimentara de él.

Lo extraño de esto es que al despertar tenía una sensación extraña, casi incómoda. Podía sentir la piel al rededor del pezón más sensible que nunca antes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Me gustó mucho el texto, lo único que me parece debe volar es la frase "en cuestión"...

Soleil dijo...

listo ;)
(hada de las letras)