1 abr 2010

Estamos solos

La intuición la había llevado a pensar que había dado ese paso grande en su vida. Estaba casi convencida que finalmente había llegado el momento. Lo sentía en el fondo, o no tan en el fondo, de su ser. Tenía un poco de miedo. Miedo a lo desconocido, miedo a lo nuevo. Sin embargo, su corazón estaba hinchado de felicidad.

Un día, la invadió la incertidumbre. Quería estar segura de lo que ya estaba sintiendo. Realmente no necesitaba que nadie le comprobara nada, pero se dejó llevar por la obsesión de querer saberlo todo sin lugar a dudas.

Aquel carnicero disfrazado de médico le dijo todo lo contrario a lo que ella había pensado. No podía creerlo. Le pidió que buscara más. Nada. Tal vez la ilusión la había llevado a creer en algo que no existía. ¿Pero y todos esos cambios?

Un examen más. Táctil. Algo en su interior le dijo que no se lo permitiera. Pero no tuvo tiempo de negarse. Él ya había actuado. Su mano, auscultando, escudriñando, tocándolo todo tan agresivamente le resultaba tan desagradable que no pudo esconder su incomodidad. Al final de toda esa tortura no sólo se encontraba adolorida físicamente sino también mentalmente. Se sentía culpable por no haberlo detenido a tiempo. El resto del día no pudo dejar de pensar que había cometido un error. Que tenía que haber confiado en ella misma y en su intuición.

Al día siguiente, por la tarde, pudo comprobar las palabras del médico. En realidad, desde que despertó sintió que algo había cambiado. Sintió mucha pena, mucha cólera. Por la noche lloró un poco. Ya no había nada que hacer, ya era tarde.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El miedo y la ignorancia son en verdad atrevidos.

Kat dijo...

Es cierto colecita, ya no hay nada que hacer...ya es tarde.

Oswaldo Bolo Varela dijo...

cuántas veces hemos abortado sueños en forma de niños (...)

Xiomara dijo...

U_U...la intucion...no falla!